Nota6/10 |
A favor+ El aspecto estratégico+ Los efectos sonóros + La calida de los vídeos |
En contra- Gráficamente mejorable- No está traducido - El modo batalla es demasiado simple |
En la prehistoria del videojuego, allá por 1986, Cinemaware lanzó al mercado un juego que por aquel entonces se consideró una obra maestra: Defender of the Crown para Commodore Amiga y posteriormente para otras plataformas. 18 años después la compañía ha decidido relanzar el título en forma de un multiplataforma acorde con las nuevas tendencias pero fiel al planteamiento de su original.
Robin Hood: Defender of the Crown es posiblemente el juego más completo de las aventuras del ladrón de los bosques de Sherwood. La historia empieza con pequeñas escaramuzas y robos en dichos bosques, e incluso asaltando por sorpresa el castillo del Sheriff para saquear sus tesoros. Conforme la guerra civil se desata en el país los nobles se enfrentan entre si para llegar al poder, el ilegítimo Rey John lanza sus ejércitos sobre los rebeldes para sofocarlos. Robin, en virtud de defensor del verdadero rey Ricardo Corazón de León, deberá abandonar los tranquilos bosques y crear un auténtico ejército para restablecer la paz en su país.
El juego se desarrolla en un mapa al estilo Risk tridimensional, con 38 condados y los territorios de cada noble. Según avanzamos en el juego aparecen nuevos personajes y habilidades para el equipo. Así por ejemplo tenemos a Robin, que realizará incursiones en castillos y emboscadas en los caminos para robar oro. Little John será el comandante del ejército y encargado de reclutar nuevos soldados. Lady Marian hará las funciones de espía en los castillos de nuestros enemigos y el Fraile Tuck gestionará nuestras aportaciones al rescate del rey Ricardo.
Si bien no se puede tachar de malo al apartado gráfico de Robin Hood, tampoco se puede decir que sea un portento para la vista. La calidad de los personajes y los entornos es simplemente correcta y cumple con su función.
El mapa principal, donde movemos nuestras tropas y tomamos las decisiones tácticas está realizado en tres dimensiones y muestra un buen aspecto. Quizás es difícil distinguir los condados por el exceso de detalle del terreno pero ello no afecta en nada a la jugabilidad.
Las diferentes acciones que podemos realizar presentan un patrón muy repetitivo. Si Robin ataca a una caravana en el bosque veremos siempre el mismo camino y estaremos subidos al mismo árbol. Lo mismo ocurre al atacar una fortaleza, donde siempre nos encontraremos con los mismos decorados y las mismas situaciones. Pese a que los decorados tienen un diseño correcto esta repetición constante le quita muchos enteros al juego.
Los modelos de los personajes son buenos, sin una excesiva poligonización y con buenos (aunque escasos) movimientos. El más espectacular de todos ellos es el caballero montado en su caballo en los torneos de nobles.
El aspecto más descuidado son las batallas a gran escala. En cuanto los 2 ejércitos entran en combate se despliega un pergamino y sobre él se mueven las tropas como si se tratase de un juego de tablero. El efecto es realmente pobre y da la sensación de que los desarrolladores no han querido complicarse la vida con un campo de batalla tridimensional. Una auténtica lástima.
El sonido está más cuidado y mejor realizado que el apartado gráfico. Los efectos son buenos y variados. Cuando en las emboscadas tensamos el arco se oye la madera crujiendo, el galope de los caballos, los gritos de nuestras víctimas…En los combates a espada no solo escucharemos el acero chocar sino que oiremos como los atacantes nos insultan mientras intentan rebanarnos la cabeza. Es una pena que no se hayan traducido las voces al español, pues las letras de los subtitulo son muy pequeñas y las conversaciones frecuentes.
La música por su parte es buena, con un estilo épico al estilo de las películas de aventuras. Suena constantemente y no se hace pesada ni repetitiva.
El estilo de juego de Defender of the Crown es un tanto especial. Los habrá que quedarán enganchados por la combinación de distintas situaciones que nos ofrece y los habrá que aborrecerán la repetición constante de las mismas situaciones.
En el sentido estratégico, el que se desarrolla en el mapa de territorios, estamos ante un título simple aunque adictivo. Debemos gestionar sabiamente nuestros bienes y nuestros ejércitos para aumentar nuestras propiedades sin descuidar su protección, mientras los belicosos nobles que nos rodean harán lo mismo. Las diversas actividades que podemos hacer con algunos de los personajes, como las incursiones de Robin o los torneos de nobles tienen un papel secundario frente a la creación de ejércitos y batallas de campo abierto. Es por ello que el pobre sistema de batallas no hace justicia a su importancia en el juego.
Además de enfrentar a nuestros ejércitos podremos obtener ingresos importantes robando fortalezas o baluartes enemigos con Robin, que deberá derrotar a los guardianes para acceder a los cofres de monedas. Otro sistema es subirse a un árbol junto a un camino cuando se acerca una caravana de comerciantes y usar nuestro arco para acabar con los guardias que la custodian. El modo de manejar el arco es parecido al de Thief y necesitará varios intentos antes de que empecemos a dominarlo.
Robin Hood: Defender of the Crown es un juego sin demasiadas prentesiones. Su planteamiento es interesante y ofrece una buena dosis de adicción, sobretodo en su vertiente estratégica. Sus actividades como las emboscadas o los torneos no dejan de ser juegos complementarios bastante divertidos aunque uno los aborrece rápidamente por su monotonía. Si te sientes Robin Hood o te apasiona la historia medieval de Inglaterra no te lo pienses, pero si no sabes que juego comprar posiblemente encuentres mejores opciones.
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