Nota9/10 |
A favor+ Gráficos de calidad+ La banda sonora + Los escenarios históricos + El combate en grupo |
En contra- La mirilla de francotirador es diminuta- Las campañas terminan de golpe |
En los últimos años muchos han sido los juegos (y películas) que se han ambientado en la Segunda Guerra Mundial, algunos con más pena que gloría y otros alcanzando el estatus de históricos del videojuego, como es el caso del popularísimo Medal of Honor. Es difícil imaginar un shooter mejor que Medal of Honor, pero un nuevo juego está destinado a quitarle el primer puesto al ya añejo título de EA. Menos sorprendente es si tenemos en cuenta que 22 de los 25 responsables del desarrollo de MoH crearon su propio estudio tras unos problemas con la distribuidora e iniciaron el proyecto que tres años más tarde nos llegaría bajo el nombre de Call of Duty.
Cuando uno empieza la partida lo primero que piensa es ¡Vaya, Pero si esto es lo mismo de siempre!, aunque tras dedicarle unos minutos y repartir unas cuantas cargas de plomo a nuestros amigos del eje empezaremos a vislumbrar las novedades, las mejoras y las diferencias que lo convierten en un título superior. El apartado gráfico se ha visto beneficiado de nuevas técnicas visuales y de una potencia muy alta, y lo mismo ocurre con el sonido.
Los videojuegos intentan acercarnos cada vez más a lo que podríamos vivir como protagonistas de una película, y buena prueba de ello son las escenas que nos encontramos durante el avance en la partida: soldados conversando sobre sus hogares, sobre el miedo a morir o sobre su jugador de Baseball favorito. Desde Infinity Ward han intentado que los personajes no solo sean realistas a la vista, sino que pretenden dotar de personalidad y humanidad a esos modelos poligonales. Estas escenas en muchas ocasiones son claramente tomadas de éxitos cinematográficos como Salvar al Soldado Ryan (La defensa de puente), Hermanos de Sangre (El salto en paracaídas y la conquista de los puestos de artillería) o Enemigo a las Puertas (El cruce del Volga en Estalingrado).
Hace unos años dos grandes juego se enfrentaron por la supremacía en el género de acción en primera persona: se trataba de los históricos Medal of Honor y Return to Castle Wolfenstein. Call of Duty es una especia de híbrido de ambos ya que utiliza el motor gráfico de Wolfenstein, levemente mejorado, y ha sido desarrollado por la mayor parte de los creadores de MoH. Esto se traduce en un apartado visual muy bueno aunque sin llegar a las cotas de calidad que puedan ofrecer los nuevos títulos como Half Life 2 o Doom 3, cuyo código es completamente nuevo.
Una de las primeras cosas que saltan a la vista es que los escenarios no son túneles unidireccionales por los que debemos desplazarnos para que el juego pueda seguir. La libertad de movimientos de Call of Duty, aunque limitada, es mucho más alta de lo normal. Los escenarios, además de grandes están muy bien realizados. La Francia verde y destruida de la Segunda Guerra Mundial se perfectamente reflejada en los sitios por los que pasaremos, y en algún briefing de misión podremos ver fotografías de edificios que posteriormente reconoceremos sin problemas por su fidelidad histórica.
Los modelos de los personajes tienen muy buen aspecto, al igual que sus uniformes y movimientos. Veremos paracaidistas americanos, británicos y miembros de la resistencia francesa, cada uno con sus atuendos identificativos. En movimiento veremos soldados cautos, que avanzan agachados y se cubren detrás de lo primero que encuentren durante un tiroteo. Una vez allí escondidos dispararán ráfagas cortas y sin apenas asomarse al fuego enemigo, o correrán a buscar a un compañero herido mientras nosotros les cubrimos con nuestra Thompson. La cantidad de animaciones distintas es muy alta.
Algunos de los efectos más destacables son las explosiones y los impactos de bala. Cuando volemos por los aires un puesto de artillería o un tanque no veremos una bola de fuego uniforme sino que la explosión empezará por el costado donde hayamos plantado la bomba y se extenderá hacia los costados de un modo muy realista y singular. Los disparos que impactan en los cuerpos no son menos espectaculares. Si le disparamos a un enemigo en la cabeza o en una parte descubierta veremos como brota la sangre, mientras que si le disparamos en el tórax tan solo veremos una pequeña nube de polvo que salta del uniforme mientras la sangre fluye invisible por su interior.
La banda sonora me ha llamado la atención de un modo muy especial. Las melodías son variadas y de una calidad fuera de toda duda, pero nos encontramos ante algo nuevo: durante el combate no solo nos veremos acompañados por la orquestra durante los momentos tensos, captando patrióticas marchas militares o melodías de corte épico que ensalcen nuestro espíritu militar. El momento más significativo que recuerdo de Call of Duty es uno en que yo me hallaba en un bunker seguro disparando cientos de balas sobre unos indefensos alemanes que no dejaban de aparecer en la llanura, mientras una triste melodía sonaba transmitiéndome lo dramático del momento, lo triste que era la situación en que yo tenía que matar a docenas de enemigos aunque fuese necesario para la victoria de mi bando. Si la banda sonora consigue transmitir sensaciones al jugador ha logrado su objetivo.
Los efectos sonoros son buenos: disparos contundentes, explosiones devastadoras, tanques que hacen retumbar el suelo y otros sonidos más sutiles como los pasos sobre suelos metálicos o barro. En el desembarco de Estalingrado la cadencia de las metralletas montadas y las ráfagas de artillería (cuyos proyectiles podemos incluso ver volando sobre nuestras cabezas) se ven reflejadas en el aspecto sonoro de un modo sobrecogedor, especialmente para aquellos que gocen de un buen sistema de sonido envolvente con subwhoofer.
El estilo de juego es parecido al de Medal of Honor, aunque en esta ocasión aprovecharemos más el ataque en grupo y deberemos olvidar las ansias de acabar con el tercer Reich nosotros solitos. Se ha intentado dar un toque más realista a los combates y tiroteos evitando situaciones de caseta de feria como las que hemos vivido anteriormente, cuando ponerse a los mandos de una metralleta montada era sinónimo de que un rebaño de enemigos cansados de vivir se pondrían a tiro. En este sentido se ha optado más por un estilo Operation Flashpoint, adoptando incluso la posibilidad de apuntar con la mirilla natural del arma que tengamos en vez de con la cruz virtual del juego. Se agradece el detalle y la novedad. Otro cambio respecto a lo tradicional es que a partir de ahora dejaremos de ser mulas de carga y llevaremos tan solo 2 armas de gran calibre con nosotros: por norma general dispondremos de granadas, una pistola, un fusil y una metralleta. Si queremos una nueva arma deberemos dejar en el suelo alguna de las que ya poseemos. Quizás no lo parezca pero cargar con 15 Kg de acero durante un combate es un serio problema. De todas las armas posiblemente la única pega sea el minúsculo tamaño de la mirilla de francotirador, que no ocupa ni una octava parte de la pantalla.
Para aumentar aún más la sensación de combate real se ha dotado a los enemigos de una inteligencia y unos reflejos dignos de un soldado real. Raramente llegaremos a acercarnos a menos de 10 metros de uno de ellos sin que se percate de nuestra presencia y empiece a darle al gatillo mientras llama a sus compañeros. Desgraciadamente su puntería no es menos buena que sus reflejos y a menos que nos cubramos tan pronto como podamos morderemos el polvo en pocos segundos. En ocasiones al avanzar por estrechos pasillos y llegar a una esquina saldrá rápido como un rayo un alemán que nos esperaba escondido, para hundirnos la culata de su fusil en el cráneo (cosa que consiguen con asombrosa frecuencia) además de darnos un susto de muerte.
En los tiroteos a gran escala, como el desembarco de Estalingrado, nos sentiremos realmente inmersos en una de las batallas más intensas y sangrientas de la historia reciente, en parte por la cantidad de gente que avanzará con nosotros, en parte por la calidad de los gráficos y también por ciertos detalles como el estado de desorientación en que quedaremos cuando haya una explosión cercana: al más puro estilo Salvar al Soldado Ryan nuestros oídos se llenarán de un intenso zumbido y sonidos distorsionados, nuestra vista responderá con lentitud y nuestros movimientos serán lentos e inseguros. Durante los segundos que dura este aturdimiento lo mejor será permanecer agachados y evitar exponer nuestro débil cuerpo al enemigo.
El que diga que Call of Duty es más de lo mismo se equivoca. Call of Duty toma como base lo mejor de los mejores juegos y películas bélicas de la última década, incluido el motor gráfico de Return to Castle Wolfenstein, para ofrecer una experiencia de altísima calidad. La sensación de estar en medio de la Segunda Guerra Mundial es absoluta y realmente adictiva. Cualquier amante del género debería, como mínimo, catar la demo y comprobar por si mismo que el juego merece la pena.
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